Vamos a ver la segunda posibilidad que os ofrece este año vuestra programación: Réquiem por un campesino español, de R. J. Sender (1901-1982). Os doy un comentario resuelto que un compañero me ha proporcionado para que veáis cómo se tendría que hacer:
Comentario de texto de un fragmento de Réquiem por un campesino español /
R.J. Sender.
Desde la sacristía, mosén Millán recordaba la
horrible confusión de aquellos días, y se sentía atribulado y confuso. Disparos
por la noche, sangre, malas pasiones, habladurías, procacidades de aquella
gente forastera, que, sin embargo, parecía educada. Y don Valeriano se
lamentaba de lo que sucedía y al mismo tiempo empujaba a los señoritos de la
ciudad a matar más gente. Pensaba el cura en Paco. Su padre estaba en aquellos
días en casa. Cástulo Pérez lo había garantizado diciendo que era trigo limpio. Los otros ricos no se
atrevían a hacer nada contra él esperando echarle mano al hijo.
Nadie más que el padre de Paco sabía dónde su
hijo estaba. Mosén Millán fue a su casa.
-Lo que está sucediendo en el pueblo -dijo- es
horrible y no tiene nombre.
El padre de Paco lo escuchaba sin responder, un
poco pálido. El cura siguió hablando. Vio ir y venir a la joven esposa como una
sombra, sin reír ni llorar. Nadie lloraba y nadie reía en el pueblo. Mosén
Millán pensaba que sin risa y sin llanto la vida podía ser horrible como una
pesadilla.
Por uno de esos movimientos en los que la
amistad tiene a veces necesidad de mostrarse meritoria, mosén Millán dio la
impresión de que sabía dónde estaba escondido Paco. Dando a entender que lo
sabía, el padre y la esposa tenían que agradecerle su silencio. No dijo el cura
concretamente que lo supiera, pero lo dejó entender. La ironía de la vida quiso
que el padre de Paco cayera en aquella trampa. Miró al cura pensando
precisamente lo que mosén Millán quería que pensara: «Si lo sabe, y no ha ido
con el soplo, es un hombre honrado y enterizo». Esta reflexión le hizo sentirse
mejor.
RESUMEN.
Mientras
mosén Millán espera en la sacristía el comienzo de la misa de réquiem, al cabo
de un año después de la muerte de Paco el del Molino, rememora los
acontecimientos que acaecieron en el pueblo desde la llegada de un grupo de
forasteros que se dedicó a asesinar a los vecinos. De esos días, también
recuerda la desaparición de Paco y la visita que él realizó a su familia, cuyo
padre era el único que sabía el paradero de su hijo y al que los señoritos no habían
acosado gracias a la intervención de don Cástulo. En esa entrevista, el cura da
a entender que sabe dónde se esconde; los padres intuyeron por su actitud que
lo sabía, por lo cual se mostraron agradecidos por su solidaridad.
COMENTARIO CRÍTICO.
Nos
encontramos con un fragmento en prosa de la novela Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender. El tipo de
discurso que predomina es el narrativo, junto al descriptivo, como es propio del
género novelesco.
En cuanto
a su estructura interna podemos señalar las siguientes partes teniendo en
cuenta que el cura está esperando el
comienzo de la misa en la sacristía; estas dos partes se centran en dos
recuerdos:
De la
línea 1 a la 5: Recuerdos del cura de los días de revuelta que se sucedieron en
el pueblo después de la llegada de unos forasteros que comenzaron a asesinar a
mucha gente.
De la
línea 6 hasta el final, que son los recuerdos sobre Paco el del molino. A su
vez podemos señalar dos partes:
De la
línea 6 hasta el 9, que es la descripción de cuál era la situación del padre de
Paco; los forasteros no se metieron con él, porque don Cástulo lo había
protegido.
De la
línea 10 hasta el final que se centra en los recuerdos de la visita que mosén
Millán efectuó al padre de Paco, que era el único que sabía dónde se encontraba
su hijo.
En esta
entrevista, el cura dio a entender que sabía el paradero de Paco, por lo cual
el padre le agradece su silencio.
El tema
es la traición de Mosén Millán a Paco provocada por la violencia acaecida en su
pueblo al comienzo de la guerra civil.
ACTITUD E INTENCIÓN.
El
Realismo Social de la época propugnaba una actitud objetiva a la hora de narrar
por parte del autor. Prácticamente desaparece como comentador de lo que cuenta
y solo se dedica a narrar, describir y componer unos diálogos que dicen los
personajes. Sin embargo, en general, la novela de los escritores exiliados es
bastante conservadora en el planteamiento narrativo: él selecciona lo que
quiere contar y crea los personajes según la intención comunicativa de toda la
obra, por lo tanto su actitud es subjetiva.
La
intención última de este fragmento, dejando claro su intención estética general
como obra de arte, es construir la personalidad de Mosén Millán, personaje
atormentado por su delación en las circunstancias de violencia vividas en su
parroquia. Una vanidad innecesaria será nefasta ya que traerá como consecuencia
la muerte de su ahijado y también los remordimientos consecuentes para él.
También,
en el fragmento, vemos cómo se construye el personaje de Cástulo, que protege
al padre de Paco. Este vecino rico se le presenta como persona que sabe estar a
bien con todos y a todos es capaz de traicionar.
TIPO DE TEXTO.
El texto
es literario, un fragmento de una novela; en concreto pertenece al género
narrativo. Como tal nos encontramos unos hechos protagonizados por unos
personajes que son contados por un narrador, que los sitúa en un tiempo y
espacio determinados.
Las
formas de elocución básicamente son la narración, la descripción y el diálogo.
En las partes narrativas el narrador hace avanzar la acción; esto se consigue
sobre todo con el uso de los pretéritos perfectos: No dijo el cura concretamente que lo supiera…La ironía de la vida
quiso… (19) Es un narrador externo, que no participa en la acción, por eso
narra en 3ª persona.
Las
partes descriptivas son bastantes; estas se hacen en pretérito imperfecto: El padre de Paco lo escuchaba sin responder,
un poco pálido (12).
Y también
tenemos diálogos. En estilo directo: -Lo
que está sucediendo… (11) Pero también es estilo indirecto: Cástulo… diciendo que era trigo limpio
(7) También se reproducen los pensamientos de los personajes de manera directa:
“Si lo sabe, y no ha ido con el soplo,
es…” (22, 23)
El
registro lingüístico del texto es culto. El autor utiliza todos los recursos
que le ofrece el lenguaje y los recursos literarios para componer su historia.
Sin embargo, cuando reproduce los diálogos de los personajes refleja la forma
de ser de éstos y nos encontramos coloquialismos: ir con el soplo (22), hombre
enterizo (23), era trigo limpio
(7), echarle mano al hijo (8).
VALORACIÓN PERSONAL.
El
fragmento que comentamos es muy duro, pero muy representativo de lo que pasa en
conflictos civiles, en lo que sucedió en nuestra guerra civil. En un conflicto
de esa naturaleza, también en cualquier guerra, no hay vencedores y sí mucha
desgracia generalizada. El cura pertenecería al bando vencedor, pero para él
esa experiencia va a ser dramática porque, aparte del drama social, vemos sobre
todo su conflicto personal al cabo del año de la muerte de Paco. Si en el
intervalo entre el toque de campanas que anuncia la misa y el comienzo de ésta,
el cura repasa la relación que mantuvo con él destacando los momentos en los
que claramente se vislumbra una simpatía mutua, es para resaltar su papel de
colaborador en el desenlace tan funesto y absurdo, cuando dice dónde se esconde
Paco y colabora en su captura.
La figura
del cura es patética no solo porque no se opusiera a la violencia que se
ejerció, sino por haberse implicado de manera absurda en el apresamiento de
Paco. La consecuencia de su vanidad es que va tener que compartir un secreto,
cuando el padre le revele el paradero, del que inmediatamente se arrepiente de
saber.
Las
consecuencias de este conflicto las sufrirán especialmente los que perdieron la
guerra, pero también algunos de los que la ganaron. El personaje que representa
este drama personal es el de Mosén Millán. Solo, sin feligreses, acompañado por
el alcalde y los ricachones, que sucesivamente se echan la mano a la cartera
para pagar la misa, pagar su culpa, como si con este detalle intentaran honrar
la memoria del muerto.
El tema
que se plantea y los hechos que se narran son actuales, desgraciadamente. Las
guerras se suceden constantemente, incluso las civiles, como la guerra civil
que se libra en Siria y casi en Egipto, o la pasada en Libia. Parece que los
seres humanos no somos capaces de resolver los conflictos, sobre todo cuando
éstos están en manos de líderes megalómanos, si no es guerreando.
VALOR ESTILÍSTICO DE LOS ADJETIVOS DEL PRIMER
PÁRRAFO.
Los
adjetivos que encontramos en este párrafo están sobre todo en las cuatro
primeras líneas puesto que es el fragmento más descriptivo; una descripción,
efectuada según los ojos del cura, de los primeros días de la guerra civil en
el pueblo. En este sentido hallamos estructuras atributivas propias de la
descripción: parecía educada (4) y se sentía atribulado y confuso (2) con
un verbo semicopulativo acompañado de un complemento predicativo en una
estructura bimembre. El resto realiza la función de adyacente (horrible, malas,
forastera, limpio) Predominan los femeninos, y todos ellos se encuentran en
grado positivo.
De los
adjetivos que modifican directamente al sustantivo hay dos especificativos,
necesarios porque seleccionan al nombre:
gente forastera (3) y trigo limpio (7); y otros dos
explicativos, antepuestos, que proyectan subjetividad, como son los recuerdos de
una persona al describir los acontecimientos que rememora: horrible confusión (1) y malas
pasiones (2,3). Precisamente por esto, todos ellos, menos forastera son adjetivos valorativos. La
anteposición de horrible y malas intensifica el carácter literario
de la descripción.
La mayor
parte de estos adjetivos llevan implícitas en su significado connotaciones
negativas que ayudan a crear en el lector la atmósfera de caos, miedo,
irracionalidad e inseguridad que pretende hacernos revivir Sender a través de
la evocación de Mosén Millán.
VALOR ESTILÍSTICO DE LOS VERBOS.
Al
comentar los verbos lo primero que hemos de señalar es su abundancia, propia de
una narración, y su variedad, reflejo de la riqueza narrativa del fragmento y
de la novela.
El pretérito
imperfecto de indicativo es utilizado sobre todo en descripciones. Pero hemos
de diferenciar dos planos narrativos. En presente, mientras mosén Millán está
en la sacristía, recuerda y describe los acontecimientos acaecidos en el pueblo
al estallar la guerra civil: recordaba
(1), sentía (2), Mosén Millán pensaba que sin risa… (14); y otros, también
descriptivos, que se sitúan en el pasado cuando se reconstruye lo que acaeció
en esos días: Y don Valeriano se
lamentaba (4), su padre estaba en
casa (6), El padre de Paco lo
escuchaba… (12).
Tenemos
un pretérito pluscuamperfecto de indicativo en la línea 7, Cástulo Pérez lo había garantizado, que expresa una acción en
pasado anterior a otra también pasada: su
padre estaba en casa.
El otro
tiempo representativo del texto es el pretérito perfecto simple, con el cual se
consigue que la acción avance: fue (9),
dijo (11), vio (13), dio la impresión
(17)…
Analicemos
a continuación los presentes de indicativo, que aparecen en los diálogos en estilo
directo: Lo que está sucediendo… y no
tiene nombre (11). El primero es una perífrasis verbal aspectual durativa.
También cuando se reproducen directamente lo que el cura quiere que piense el
padre de Paco: “Si lo sabe… es un hombre
honrado…”
Comentaremos
a continuación la presencia de una perífrasis modal de obligación cuyo verbo
personal está en pretérito imperfecto: el
padre y la esposa tenían que agradecerle su silencio.
Encontramos
un presente intemporal en la línea 16: …en
los que la amistad tiene a veces… cuando se intenta con un principio del
comportamiento humano general explicar la actitud del cura.
Todos los
tiempos están en indicativo, modo en el que se presentan los hechos o las
descripciones como reales y de manera objetiva, algo que pretende el narrador
objetivista. Al mismo tiempo, se narra en tercera persona, pues el narrador no
participa en los hechos que cuenta. Por último, la variedad de tiempos verbales
refleja los distintos planos narrativos de la novela.
Hasta aquí tendríais lo que sería un comentario al uso de la EBAU, eso sí, actualmente no se os pide la valoración crítica, así que yo tampoco lo haré. A continuación os doy más información que deberéis responder en alguna de las posibles preguntas que se os haga:
TEMAS DE LA OBRA.
La novela
representa dos concepciones diferentes de la vida simbolizadas en dos
personajes con vínculos fuertes de amistad. El cura representa el orden
establecido, aunque éste sea injusto; Paco representa la justicia social
adoptando una actitud generosa al anteponer esa defensa a los intereses
personales. Con la forma de plantear el conflicto narrativo y la selección de
los personajes principales, mosén Millán y Pepe el del Molino, el autor
denuncia la injusticia social en el mundo rural de principios de siglo XX,
caracterizado por una estructura social desequilibrada con la concentración de
la propiedad en manos de una oligarquía terrateniente cada vez más rica y de
una clase baja cada vez más pobre. La novela refleja el sentimiento de alarma
de estos terratenientes ante la amenaza de la reforma agraria y su resistencia
a los cambios.
En este conflicto, se critica el comportamiento de los poderosos, pero
especialmente la conducta de la Iglesia, representada por mosén Millán. El
comportamiento del religioso no solo se presenta como criticable por denunciar
a Paco, sino por su insensibilidad ante las denuncias que le formulaba Paco
desde que éste era un chiquillo cuando resaltaba la vida demasiado dura de
algunos vecinos.
-La violencia (relacionada con el tema anterior) que sobre todo surge a partir del
estallido de la Guerra Civil cuando llegan los falangistas de la ciudad.
Previamente a este episodio, cuando los vecinos se sublevan contra el duque
para no pagarle los arriendos de terrenos y se enfrentan a los guardianes, lo
hacen con argumentos –les prometen ser los encargados de los canales de riego y
de una subida de sueldo- frente a la defensa que ellos hacen de la propiedad
privada armados con carabinas.
Esa violencia está ligada a la revancha propiciada por don Valeriano, que
acuciaba a los señoritos de la ciudad a matar a más personas. Pero en otros
casos, es una sed de violencia innecesaria y gratuita, como cuando ametrallan
la plazoleta donde se reúnen las mujeres a tomar el sol.
- La condición humana. Se corresponde con la indiferencia de los hombres ante el sufrimiento de
los demás, tanto en los ricos como en los pobres, excepto la figura de Paco que es un hombre sensible a las
condiciones de vida de sus vecinos.
Hay personajes enteros y personajes cuyo comportamiento narrativo está
condicionado por las circunstancias difíciles que tuvieron que soportar o por
la propia miseria de su condición demasiado humana. El personaje más
representativo de esto último es el del cura también. Por vanidad absurda
termina cargando con un conocimiento –saber el escondite de Paco- que no sabrá
administrar, siendo él mismo consciente de la torpeza que acaba de cometer.
- El enfrentamiento entre dos
concepciones distintas de la vida: La de Mosén
Millán y la de Jerónima. El primero, representa el concepto cristiano, gira
entorno a la religión y el respeto al orden establecido. Es un mundo regido por
hombres cuyo espacio es la iglesia. En oposición a este mundo se encuentra la
concepción de la Jerónima, que simboliza la cultura primitiva, la oposición al
sistema. Es un culto regido por mujeres y su espacio es abierto, el Carasol.
ESTRUCTURA DE LA OBRA. (Partes de que consta, sentido y relevancia de cada una de ellas).
La novela no está dividida en capítulos, sino en secuencias que se
corresponden con las distintas etapas de la vida de Paco.
La estructura interna es circular, porque empieza y acaba en el mismo
punto. Mosén Millán aparece vestido para ofrecer la misa de réquiem por Paco,
muerto hace un año. En media hora que está en la sacristía, al hilo de la
llegada de tres personajes, Mosén Millán va repasando la biografía de Paco
desde que lo bautizó hasta que lo confesó antes de morir. Paralelamente a estos
recuerdos del sacerdote, el monaguillo canta un romance sobre Paco, con una
función semejante a la del coro de la tragedia griega; en este romance se
cuenta la muerte del protagonista.
La novela está estructurada en dos grandes secuencias temporales: la del
presente, que desarrolla una acción interna (el conflicto de Mosén Millán con
su conciencia) y la del pasado, que reconstruye la vida de Paco y pone de
manifiesto las injusticias y crímenes cometidos cuando estalla la guerra civil
española.
La secuencia del presente se
desarrolla en la sacristía de la iglesia durante media hora, que es el tiempo
que transcurre entre el primer toque de campanas hasta el comienzo de la misa.
Mosén Millán realiza un examen de conciencia mientras espera a que aparezcan
los familiares y los amigos de Paco.
Los protagonistas son Mosén Millán (y el monaguillo) y otros tres
personajes más: don Valeriano, don Cástulo y don Gumersindo. Además, aparece al
final el potro de Paco, que es su símbolo. No aparecen familiares ni amigos de
Paco.
Esta secuencia temporal está constituida por nueve series narrativas que se
organizan en cuatro núcleos temáticos.
Primer núcleo temático. La primera secuencia que es la más extensa y
significativa. Aparecen ya esbozados todos los conflictos de la novela, sus
protagonistas y sus actitudes. Es una síntesis de la historia.
El segundo núcleo temático lo integran las secuencias segunda, tercera y
cuarta: son las tres muy breves, sirven de soporte a la estructuración de la
novela, pero además insisten en ese estado intranquilo, turbado de Mosén Millán
por la ausencia de fieles.
El tercer núcleo temático formado por las secuencia quinta, sexta, séptima
y novena. Aparecen tres personajes, que son los ricos del pueblo y causantes
del asesinato de Paco. Se describe de forma rápida, física y moralmente a cada
uno de ellos. A partir de esta caracterización se entiende mejor su conducta en
las secuencias del pasado. En el momento en el que están estos tres personajes
con Mosén Millán en la sacristía, el monaguillo avisa que han metido en la
iglesia al potro.
Cuarto núcleo temático centrado en la secuencia novena: Mosén Millán acaba
el repaso de la vida de Paco y se cierra la novela con la expulsión del
espíritu de Paco (el potro) de la iglesia. No han aparecido ni familiares ni
amigos de Paco. Mosén Millán y el monaguillo se disponen a realizar el réquiem
por el alma de Paco, pero los cuatro saben que más bien es un acto de
expiación, un intento de limpiar sus conciencias.
Las secuencias del pasado están
protagonizadas por Paco el del Molino, el representante de los campesinos
españoles de la época, desde que nace hasta que muere con 25 años y se cuenta
su vida. Mosén Millán y sus recuerdos determinan los altos en el tiempo y en el
espacio. La fusión de los dos planos (presente y pasado) se realiza a través
del verbo “recordar” o de sus
sinónimos, que sirven para pasar del presente (en la iglesia) al pasado (que
relata la vida de Paco).
Esta parte se organiza en ocho secuencias, en las que nos narra la vida de
Paco a través de los recuerdos de Mosén Millán.
Podemos a su vez diferenciar dos partes:
La primera parte comprende las
cuatro secuencias iniciales que se corresponden con la infancia y la
adolescencia de Paco (15 años); se narra con detalle. Dominan los motivos
ambientales de un costumbrismo rural alegre y feliz, en el que las
celebraciones profanas y religiosas se van alternando. Algunas situaciones
crudas ponen en cuestión la felicidad un poco idealizada de esta comunidad.
Muchas de estas celebraciones son religiosas (bautizo, comunión, confirmación,
semana santa). El carácter primitivo y semipagano de estas celebraciones
religiosas queda resaltado por la presencia de elementos supersticiosos y
misteriosos que se superponen a los elementos cristianos.
La quinta secuencia es de transición: contiene elementos de las dos partes.
Abarca unos cinco años (el noviazgo y la boda).
La segunda parte la componen las
tres últimas secuencias (regreso del viaje de novios). En este momento la
cronología se hace mucho más precisa (Abril 1931, verano). El ritmo cada vez es
más rápido, hasta precipitarse al final. Domina el trasfondo histórico. La
sexta secuencia relata los cinco años de la 2ª República. La séptima, la semana
entre el levantamiento del 18 de julio y la denuncia de Mosén Millán. La octava
relata el rendimiento y la muerte de Paco.
La narración alternativa de estas secuencias tiene como efecto el asegurar
la continuidad de la experiencia traumática del pasado en el presente. La
guerra ha terminado, pero sus efectos continúan en el presente incluso para los
vencedores, todos dispuestos a redimir su papel poco ejemplificante.
TÉCNICA NARRATIVA DE LA OBRA (Tipos
de narrador, puntos de vista empleados, tratamiento del tiempo y del espacio)
El punto de vista narrativo principal es el del narrador omnisciente (que
sabe todo de los personajes y de los hechos). Parece repartir el punto de vista
con Mosén Millán y con el monaguillo.
En las secuencias del presente hay un narrador omnisciente, objetivo en 3ª
persona, que analiza las circunstancias que dieron lugar al enfrentamiento
civil. No le interesa el qué (la historia) sino el cómo. Las circunstancias en
que se produjeron los hechos: el espacio físico y el carácter de los personajes
a través de lo que dicen, de cómo van vestidos, de su manera de actuar y sobre
todo a través de lo que piensan.
Aunque procura narrar objetivamente, a veces se mete dentro de los
personajes para describirnos lo que piensan o sienten.
Otro narrador en las secuencias del pasado es el monaguillo que delimita lo
que hay de leyenda y de verosimilitud en el relato, es un narrador testigo. La
recitación del romance anónimo centrado en los últimos momentos de Paco hasta que
es fusilado permite al lector conocer de antemano detalles del final. Y,
también muy importante, lo que hay de leyenda en esos
versos y lo que es cierto, pues él fue un testigo que acompañó a Mosén cuando
éste confesó a Paco antes morir.
En las secuencias del pasado hay tres narradores: narrador omnisciente
objetivo, Sender; narrador subjetivo, Mosén Millán, que rememora el pasado;
narrador anónimo y colectivo (el pueblo en general) cuyo fruto es el romance
que recita el monaguillo.
Mosén Millán, mientras espera para decir la misa por Paco, recuerda la vida
y la muerte de este. Aparentemente es el narrador de las secuencias del pasado,
sin embargo es el autor omnisciente Sender, quien narra, porque a veces cuenta
cosas que Mosén Millán no podía saber, luego no podía recordar (las travesuras
de los monaguillos en el desván).
Mosén Millán inicia los recuerdos y Sender retoma la narración. Se consigue
así dos objetivos: ensanchar la historia a situaciones que Mosén Millán no
podía recordar, con lo que gana en amenidad y evitar que todas las secuencias
del pasado se reduzcan a un intento de autoexculpación, lo que hubiera dejado
de lado la carga política y ética que tiene esta obra.
En las secuencias del pasado, cabe distinguir dos actitudes del narrador.
En primer lugar, una actitud nostálgica, hasta la quinta secuencia. Es una
actitud de proximidad, de compenetración con los hechos, con los personajes,
con las situaciones, demorándose en lo que cuenta. Por tanto, hay un ritmo
lento, pero luego hay una lentitud impersonal, objetivista desde la llegada de
los señoritos de la ciudad. Las atrocidades que cometen están narradas con
absoluta frialdad, como si no nos interesaran esos personajes. Con este cambio
se logra destacar el contraste de la violencia final con la paz y la alegría
del principio. También pone de relieve el carácter simbólico de la novela.
Estos anónimos asesinados representan la masa de hombres sacrificados durante
la guerra civil.
En las secuencias del presente el espacio es la iglesia y la sacristía. En
las secuencias del pasado la acción se sitúa en un pueblo que está en una
comarca de Aragón, próxima a Cataluña, pero del que no se dice su nombre.
En cuanto al tiempo, la acción externa dura treinta minutos pero luego el
sacerdote recuerda la vida de Paco, que son 25 años, desde que lo bautiza hasta
que le da la extremaunción.
ESTILO DE LA OBRA (Concepción del
autor del género literario, lenguaje que configura el estilo de la obra)
Esta novela mezcla la ficción con los sucesos reales o históricos, algo que
ha sido habitual en la producción narrativa de Sender, ya que casi todas las
obras intentan novelar hechos concretos: así en su obra más ambiciosa, los
nueve tomos de la Crónica del alba,
escritos entre 1942 y 1966, Sender evocó su propia juventud y adolescencia para
hacer un testimonio de las circunstancias históricas de esa época; la novela El rey y la reina (1949) está ambientada
en la guerra misma; y también en Los
cinco libros de Ariadna, escrita ocho años después...
Otra característica de su producción novelística es su simbolismo, así en
la novela, la narración de la historia mediante dos secuencias temporales
permite realizar dos interpretaciones.
También hemos de señalar la intencionalidad política de denuncia. El título
de “Réquiem por un campesino español”
resalta la intención política. A propósito de la novela que comentamos, el
propio Sender afirmó“la novela es
simplemente el esquema de toda guerra civil. Muestra cómo unas gentes
revolucionarias lo único que hicieron fue defender los derechos feudales de una
tradición ya olvidada en el resto del mundo”. En la novela el duque
representa la burguesía terrateniente de la época, que se apoya en don
Valeriano (el cacique) que era su administrador. Se resistían a cualquier
intento de cambio, contando con el apoyo de la Iglesia.
Entramos ya hablando de los postulados del Realismo Social, que pretende
reflejar una situación concreta que creen injusta para denunciarla. Junto a
esta intención social y política, podemos hablar de intención moral. A Mosén
Millán lo abate su sentido de culpabilidad. Acepta resignadamente el estado de
la sociedad, por más que se le rebele injusto, pero el estallido de la guerra
civil le pone a prueba.
Hablando ya del estilo, podemos decir que se mezclan narración, en donde
predominan los pasados, pluscuamperfectos, perfectos simples... con los que
relatan hechos concretos del pasado ya acabados, que le dan un ritmo rápido,
con descripciones que llevan el pretérito imperfecto, que marca duración en el
tiempo. Fundamentalmente marca la actitud evocadora durante la media hora de
espera, al igual que los gerundios. La descripción de lugares o de personajes
no es muy precisa, solo lo hace con unos pocos adjetivos.
Los diálogos son muy cortos. En las secuencias del presente el cura solo
pregunta al monaguillo. A los ricos del pueblo, los escucha pero no los
contesta. En el pasado, los diálogos narrados dan más impresión de realismo e
inmediatez. En otras ocasiones él dialogo intensifica el dramatismo. “El estilo
surge espontáneamente del fondo del ser y naturalmente, el mejor estilo es el
que no se percibe” (Sender).
Por tanto su estilo es conciso, sencillo, natural, como su el propio del
lenguaje periodístico.
Predominan los verbos y sustantivos sobre los adjetivos. Con frecuencia el
verbo aparece al final de la frase. También aparecen fundidas sensaciones
auditivas, táctiles, olfativas, visuales...
Abunda el léxico religioso y campesino. Son frecuentes los coloquialismos,
las frases hechas, refranes..., aragonesismos y catalanismos. Aparecen algunos,
pero pocos términos cultos.
El colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014) publica la novela corta Crónica de una muerte anunciada en 1981, cuando ya era autor consagrado; un año después obtendría el premio Nobel. Es, junto con Vargas Llosa, figura fundamental del llamado Boom de la literatura hispanoamericana en la década de 1960. El realismo mágico, en el que se unen los hechos cotidianos con lo fantástico, lo exagerado o lo maravilloso, está presente en la mayor parte de su obra, Cien años de soledad (1967) sería su máximo exponente.
En Crónica de una muerte anunciada queda patente el conocimiento del oficio periodístico por parte de García Márquez que aprovecha un suceso real, un crimen de 1951 en su tierra natal para desarrollar una historia que se acerca a lo policiaco. El relato es una reconstrucción de la gestación y ejecución del asesinato de Santiago Nasar a manos de los gemelos Vicario. Ángela Vicario, que ha sido rechazada por su marido por no llegar virgen a la noche de bodas, acusa a Nasar de ser el causante de su deshonra.
En la novela el lenguaje es sencillo y directo, aunque cargado de cierto simbolismo y fuerte dramatismo. La acción se sitúa en el Caribe, el espacio se convierte en mítico con una ambientación a mitad de camino entre lo realista y lo fantástico (realismo mágico). La novela crea una gran tensión narrativa, mediante la ruptura del orden lineal de la narración mediante analepsis (“flash-backs”), elipsis y prolepsis (anticipaciones de hechos futuros), además de la utilización de los distintos puntos de vista de los personajes. En cada uno de los cinco capítulos se mezclan cuatro momentos diferentes para aportar distintas perspectivas: día del crimen, sumario del juez, entrevistas con protagonistas y testigos y la escritura de la crónica. El narrador realiza una crónica de un hecho y unos personajes cercanos (Nasar era amigo suyo y Ángela su prima), y de ahí que utilice la primera persona de singular o de plural, porque él está implicado en los hechos. Es, por tanto, a la vez protagonista y testigo, pero, además, es la voz narrativa que se sitúa por encima de ese “yo” y que utiliza varios registros lingüísticos en la narración.
Como hemos señalado anteriormente, el tiempo no avanza, puesto que se reconstruyen los hechos mediante diversos testimonios y crónicas que amplían los datos del crimen, mientras que la acción permanece detenida.
Para concluir, debemos comentar la ironía dentro de la tragedia (datos de la autopsia sobre el porvenir de Nasar…) y la fatalidad que domina el relato, el autor parece querer demostrar que la vida se sirve de tantas casualidades que hacen imposible convertirla en literatura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario